09 Una historia sexi con un final ortográficamente feliz

Publicado el 7 junio 2008
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Características

La ortografía se ha de ver como un argumento positivo más. No lo es todo, pero está ahí y nos ha de parecer normal escribir con corrección. En esta propuesta se entremezcla argumento y actitudes positivas ante la ortografía.

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Propuesta

Una alocada tarde de mensajería instantánea por Internet, mi amigo en cuestión conoció a una chica. Después de chatear un rato, coincidiendo en la misma ciudad, ella, pretextando un momento de vulnerabilidad, lo invitó a pasar la noche. Y ambos pasaron la noche en el departamento de la chica.

“¿Te das cuenta de lo mucho que se arriesgaron ella y tú?”, le pregunté sorprendido por la multitud de fatídicas consecuencias que pudieron haber ocurrido. “Sí”, me contestó con su clásico gesto monárquico, “ella me dijo luego que lo que la llevó a ofrecerme la invitación fue mi buena ortografía. Nadie con tan buena ortografía puede ser una mala persona”.

La historia que te pido es bien sencilla. Alguien hace algo arriesgado por otro alguien. ¿Por qué has hecho eso? ¿No sabías que te estabas poniendo en peligro? ¿No te das cuenta de que has asumido unos riesgos excesivos al confiar en esa persona de esa manera? La respuesta es simple y siempre la misma: Una persona con esa ortografía tan exquisita no puede fallarte nunca. ¿Se entiende?

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Respuestas

unaovarios dijo

Nos vimos después de chatear unos dos meses… Mis amigas y familiares me tachaban de loca, imprudente, inconsciente y sobre todo “adolescente”, a mi edad!!! No pude evitarlo, tenía que conocerle en persona, mirarle, olerle y sentir su tacto; pero sobre todo escuchar su voz mientras sus ojos dibujaban cada línea y curva de mi rostro… Lo curioso es que todo empezó por una curiosidad y ésta se acrecentó por una “uve”… Una UVE que entre mis letras era BE y él, discreto y con tacto, me invitó a corregir… Hay algo más sexy??? Desde entonces cuido cada letra y anhelo las suyas.

Ariadna dijo

me ha parecido interesantísima la reflexión. Parece mentira, pero creo que no somos muchas las personas que le damos importancia a la ortografía, y mucho menos las que la consideramos sexy.

Personalmente, soy una de esas que tiene la tarea tácita de corregir los textos de la gente de mi al rededor, y aunque a veces me da rabia, prefiero perder algo de tiempo corrigiendo a ver publicado un texto que me duela a los ojos.

No sé si en estos tiempos que corren podemos empezar a considerarnos gente rara, porque aunque a favor de la evolución del lenguaje (no sé si conoces la intención de la RAE de inclluir en el diccionario alguna de las palabras más usadas en los sms) creo que una lengua tan rica como la nuestra debe conocerse y respetarse, y la manera de hacerlo es escribirla correctamente.

No sé si el esfuerzo que les supone es tan grande como para dejar de hacerlo, pero lo cierto es que cuando llega a mis manos un escrito de esos llenos de faltas, mi primera impresión no es para nada sexy, incluso me crea cierto prejuicio con respecto a la persona.

Muchas veces tengo incluso la impresión, de que en este mundo al revés, como en el poema de Goytisolo, las brujas son hermosas y los príncipes malos, y los que escribimos de forma correcta, a parte de ser tildados de pesados y “tiquismisquis” por darle taaaanta importancia a algo tan nimio para ellos, somos muchas veces los malos de la película.

Perdona por el rollo, Javier, me has tocado la fibra sensible de la semana. Gracias por hacerme reflexionar.

bruxana dijo

Hola:))
Hace años, tener estudios superiores estaba vetado para la gran mayoría. La gran mayoría gracias si sabía leer y escribir… En esos tiempos, era casi una frase hecha lo de “tiene letra de médico” cuando alguien escribía a mano… y su texto era una serie de grafismos casi ilegibles…
Se deducía que los médicos tenían tan mala letra porque habían tenido que escribir mucho, tomar apuntes rápidos (era cierto: tomar apuntes rápidamente y para propio uso convierte la letra casi en taquigráfica) y, directamente, se interpretaba como “escribe así de mal porque es muy listo”. Porque también en esos tiempos se reverenciaba a quien había cursado estudios universitarios: el médico, el maestro, el abogado…
Hoy en día, lo raro, lo excepcional, es no haber pasado de los estudios primarios. Aparte, con el empleo mayoritario de los ordenadores, todo el mundo puede aparentar, frente a los demás, una letra exquisita. De molde, vamos: la que dá el pc.

Sin embargo, todos estamos habituados a encontrarnos con textos totalmente ilegibles. Incomprensibles. Con mayúsculas ausentes ó excesivas ó fuera de lugar. Sin acentos. Con haches en palabras que no la tienen y falta donde deberían estar. Sin respeto por la “b” y la “v” (curiosamente, las letras que más fácil es equivocar si se escribe rápido en un teclado… porque están juntas). Un híbrido de lenguaje SMS y falta de estilo… cuando está al alcance de todo el mundo no ya una cultura ortográfica, semántica, lingüistica… sino algo tan fácil como aplicar el corrector del word a un texto antes de publicarlo.
En el fondo, no se trata más que de mala educación. Falta de respeto a los demás (potenciales lectores, que en ocasiones abandonamos textos a medias ó nos negamos, sistemáticamente, a perder el tiempo en traducir del SMS).

Y, volviendo al principio, la mencionada y casi admirada “letra de médico”… no era sino un detalle más de la personalidad de éste. Por término medio, una personalidad prepotente. Porque quien escribe un texto que va a ser leido por otros, y lo hace empleando una grafía ilegible, donde ni siquiera se sabe si está bien ó mal redactado, no es sino una persona con una absoluta falta de educación.
Sea médico, sea albañil ó sea periodista.

(Por cierto: el otro día tuve que “traducir” a mis padres un texto totalmente lleno de faltas de ortografía, de carencia de acentos, de terminos obviamente dixlésicos. Escritos con un ordenador. ¿Por quien? Por una doctora. Debe ser que igual que se heredan las vocaciones… se heredan las malas formas).

cuando_se_apaguen_las_estrellas dijo

Un amigo este verano conoció a una chica en la playa, de vacaciones, al terminar la semana ella se fue pero le dejó su dirección de casa, a partir de aquel momento se empezaron a cartear sin parar, cada semana;
uno al otro se somfesaban que se querían, él me contaba todo lo que le decía ella, se le notaba una gran ilusión al leer sus cartas, pero un día, un desgraciado día, me lo encontré llorando, tumbado en la cama, me dijo que todo se había terminado, y me entegó la última carta, en ella no parecía poner nada en especial, él me dijo que no era el mensaje sino la manera en que había escrito aquello, había muchísimas faltas de ortografía, y esto hacía perder el encanto de la carta. En la próxima carta el chico escribió, un adiós, y no se volvieron a ver más.

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