Leo "Amor y pedagogía" de Miguel de Unamuno

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Capítulo 1

Fragmento 1:

– Tómese un niño cualquiera, digo, tómesele desde su estado embrionario, aplíquese la pedagogía sociológica, y saldrá un genio. El genio se hace, diga el refrán lo que quiera; sí, se hace…se hace…y ¿qué no se hace? Y lo demostraré…

Esta frase la dice don Avito a Sinforiano porque don Avito está empeñado en hacer un niño perfecto, es decir, un genio. Y él está seguro que un genio se hace aplicándole una educación des de pequeño, des de que es un embrión y siguiendo el método de la pedagogía sociológica. A partir de eso, el genio ya se hace, afirma don Avito y dice que lo demostrará, ya que el refrán dice que no tiene razón.

Además, don Avito cree que un genio debe ser un niño y no una niña.

Fragmento 2:

– Y termina en esta conclusión: “¡Marina es materia prima de genio, forma de él yo! ¿Pues qué? ¿La belleza física nada quiere decir? Los verdaderos genios, los de verdad, han debido de ser hijos de mujeres guapas, y si la historia lo negare, o es que el supuesto genio no es tal o es que no se fijaron bien en su madre.”

En esta conclusión, don Avito intenta dar una explicación del cambio de la madre del genio, porque en un principio tenía que ser Leoncia, pero él se enamoro de su sirvienta, Marina. Leoncia era una mujer guapa y una buena madre para el futuro genio, en cambio Marina es una mujer más sencilla. Y lo que intenta Avito es convencerse con sus teorías que Marina también puede ser una buena madre para el genio y que no tiene que ver la belleza física de la madre para un verdadero genio.
(Judith)

Capítulo 2

Fragmento 1:

¿Por que el goce de lo poseído ha de encendernos el apetito de lo que no poseemos?

Esta es la típica frase que se suele decir cuando alguien aspira a lo que no tiene, creo que esto pasa porque somos ambiciosos, queremos tener todo lo que nos rodea y nos enfadamos con nosotros mismos al ver que estamos limitados y no podemos lograrlo. A veces es mejor conformarse con lo que se tiene, aunque sea poco, esto si, nunca tenemos que perder la esperanza y lo más importante nos tenemos que proponer objetivos en nuestras vidas, esto nos sirve para conseguir cosas inesperadas y a la vez trabajadas.

Fragmento 2:

– La educación empieza en la gestación…, ¿qué digo?, en la concepción misma…, antes, mucho antes, venimos educándonos ab initio, desde lo homogéneo primitivo.

Estas palabras son dichas por la boca de Avito y dirigidas a su esposa Marina que está embarazada.

Por lo que he podido leer hasta ahora de la novela se ve que Avito es un señor ambicioso y su máximo objetivo es lograr concebir un genio, para esto obliga a su mujer ha hacer todo tipo de actividades culturales, para así poder educar prematuramente el embrión.

El la frase parece que don Avito pierda la cabeza, está obsesionado con la inteligencia de su futuro hijo, e intenta convencer a su mujer que los hombre son los más inteligentes desde tiempos lejanos y que las mujeres por fastidio de Avito sirven para parir.

(Helena)

Capítulo 3

Fragmento 1:

Ya tenemos al niño, al sujeto, y ahora surge el primer problema, el del nombre. El nombre que a uno le pongan y que tenga que llevar puede hacer su felicidad o su desgracia; es una perpetua sugestión. ¿No se oye decir a muchos: Me debo a mi nombre? ¡Cosa ardua el cómo me llamen y cómo me llame a mí mismo!

Este fragmento, nos habla sobre los niños como podéis ver. Nos dice que una vez tenemos el niño, nos viene un primer problema, que es el del nombre que le tenemos que ponerle, porque depende del nombre que uno lleve puede hacerle cambiar, y yo creo que en muchos casos el nombre puede influir a la manera de ser.
Lo que ya no estoy tan de acuerdo, es de que según el nombre puedas ser feliz o no, porque creo que esto puede ocurrir pero en muy pocos casos y diría e incluso que en muy pocos casos va relacionado el nombre con la felicidad.

Fragmento 2:

El nombre tiene que ser griego, por ser la lengua griega la de la ciencia; sonoro y significativo además. Relee Carrascal la carta en que el singular filósofo don Fulgencio ha contestado a su pregunta y que dice así:
Hay quien lleva como un castigo su nombre, como joroba que al nacer le impusieron. En rigor, debía aguardarse a que el hombre diese sus frutos para ponerle nombre a ellos ajustado; mientras no ostente carácter propio no debía tener más que nombre provisional o interno, ya que no fuese anónimo. Los pseudónimos y los motes son más verdaderos que los nombres legales, ya que apenas hay cosa legal que sea verdadera, y la que verdadera resulte será a pesar de su legalidad, jamás merced a ella. Y luego propone don Fulgencio varios nombres, entre los cuales Fisidoro, don de la naturaleza; Nicéforo, vencedor; Filaletes, amante de la verdad; Aninceto, invencible; Aletóforo, portador de la verdad; Teodoro, don de Dios, y Teoforo, portador de Dios, entendiendo por Dios lo que por él entiende el singular filósofo; Apolodoro, don de Apolo, de la luz del Sol, padre de la verdad y de la vida… Avito vacila, inclínase a Apolodoro por lo simbólico, y sobre todo por empezar como Avito con A, lo que ha de permitir que se sirvan padre e hijo de un mismo baúl y que no haya que cambiar las iniciales de los cubiertos: A. C. sólo tiene inconveniente de eso de Apolo, una deidad pagana, un forma de superstición, dígase lo que se quiera. Aunque por otra parte lo de Apolo no puede entenderse ya mñas que como un símbolo, un símbolo del Sol, de la luz, del generador de la vida. Va a decidirse por Apolodoro, y la voz interior: Caíste ya y vuelves a caer, y caerás cien veces y estarás cayendo de continuo; transigiste con el amor, con el instinto, con lo carnal; transigirás con la superstición pagana y tu hijo llevará siempre como un estigma ese nombre y le llamarán abreviándoselo: Apolo; mejor es que le llames Teodoro, que al cabo es nombre más corriente y llano y equivale a lo mismo, pues ¿qué va de Apolo a Dios? . Y Avito contesta a ese importuno demonio que al enamorarse le entró, diciéndole: No, no es lo mismo Apolo que Dios, no equivale Teodoro a Apolodoro, porque en Apolo no cree ya nadie y no pasa de ser una meraficción poética, un puro símbolo, mientras aún quedan quienes creen en Dios, y así si le llamo Apolodoro nadie supondrá que pueda yo creer en la existencia real y efectiva de Apolo, mientras que si le bautizo, digo, no, si le denomino Teodoro, podrá creerse que creo en Dios. De Dios se podrá hablar, podremos hablar los hombres de razón, cuando nadie cree en él, cuando sea un puro símbolo… ¡entonces sí que nos será útil!. Y la voz: Has caídp, has caído y volverás a caer cien veces, y estarás cayendo sin cesar… ¿ si pudieras llamarle A. B. C. o X., como por álgebra? Tan derogación es llamarle Apolodoro como Teodoro; ponle un nombre sin sentido, algébrico, llámale Acapo o Bebito o Futoque, una cosa que nada signifique y a que dé significado él; mete en un sombrero sílabas, saca tres y dale así nombre. Y Avito replica: ¡Cállate!, ¡cállate!, ¡cállate!, ¡cállate!, y se queda con Apolodoro, salvo confirmárselo o rectificárselo según los frutos que dé.

Este fragmento, nos dice que el nombre que llevará el niño, puede determinar su carácter. Partiendo de esta idea, plantean que deberían ponerle un nombre griego porque ésta es la lengua de la ciencia, una cualidad que les parece conveniente.
Menciona que mucha gente está castigada por el nombre que lleva. Y que los pseudónimos y motes que uno tiene son más ciertos que los nombres, puesto que en el caso de dichos motes son los nombres que se adaptan a la forma de ser de la persona y no al revés; es decir que nos definen más que los nombres en si.
Él hablante del texto opina que no tendríamos que poner nombre hasta que no viéramos como es el hombre, es decir según su temperamento se le asignará un nombre u otro.
Se sugiere nombrarlo Apolodoro, a parte de por el significante que éste conlleva, porque empieza por A como el nombre de su padre.
Dado que se da un seguido de discrepancias en motivo de la elección del nombre que pudiera ser más acertado, No le quiere llamar Teodoro porque, este nombre podrá creerse que cree en Dios y le gusta más Apolodoro.
También vemos que Avito le quiere poner un nombre con significado, es decir no unas silabas sin significado, como por ejemplo marxa, sino un nombre que se pueda definir con un significado decente, y vemos que dice que si se cambiara, seria por su forma de ser.
Auries nos habla del nombre provisional, que el nos redacta que tendríamos que poner un nombre cualquiera al niño, y según su manera de ser, su carácter, sus pensamientos, etc. Le tendríamos que nombrar de una manera o de otra.

(Xavier P)

Capítulo 4

Fragmento 1:

“Porque es lo que se dice a solas: < <¿Trabajar yo para este público donde han caído como en el vacío mis más profundos y geniales estudios?, ¿para este público que tarda tanto en admitir como en despedir a aquel a quien una vez ya ha admitido? Esto es como caminar en un arsenal; esto es romperse el brazo del alma al ir a dar con todo esfuerzo y encontrarse con el aire nada más. Hay aquí cien escritores, publica cada cual cien ejemplares de cada una de sus obras y las cambian entre sí, como cambian los saludos y las envidias. El que no escribe no lee; y el que escribe tampoco lee como no le regalen lo que haya que leer. Como ninguno se halla sostenido por público compacto, numeroso y culto, ni creen en sí mismos ni en los otros -pues necesitamos de que los demás nos crean para creernos-, y a falta de esa fe, de la fe en la popularidad, única de nuestro escritor, desprécianse mutuamente o creen despreciarse más bien.”

Ha llegado el filósofo Don Fulgencio Entreambosmares a la ciudad. Está escribiendo su nueva obra “Ars magna combinatoria”, que le llevará a la gloria. Pero dice que quiere que la entierren con él, para que sea el destino quien la descubra algun día, cuando el hombre sea digno de ella, y este capacitado para entenderla. Don Fulgencio crítica al público y a la sociedad, que dice que no merece conocer sus estudios, porque ya han desperdiciado todas sus obras anteriores. Dice que al hombre le cuesta demasiado aceptar ideas nuevas, porque está cegado en las que ya posee, y no puede ver más allá. Así, su trabajo deja de tener utilidad, porque la gente no responde a él. Don Fulgencio cree que las personas necesitamos que otros crean en nosotros para poder creer en nosotros mismos, y como ningún escritor posee suficiente publico culto, no puede creer en sí mismo ni en los otros, y acaban despreciandose a ellos mismos, y entre ellos.

Fragmento 2:

“Siguen algún tiempo más planteando la educación del niño, cuyo principio consiste en que lo vea todo, lo experimente todo, de todo se sature, y pase por todo ambiente. < >, repite el filósofo. Pero todo debidamente explicado, con su glosa y comentario científico. La Naturaleza -la naturaleza con letra mayúscula, se entiende- es un gran libro abierto al que ha de poner el hombre notas marginales e ilustraciones, señalando a la vez con lápiz rojo los más notables pasajes. < >, dice don Fulgencio, que publica en cursiva todo.”

Don Avito le pide consejo el filósofo Don Fulgencio Entrambosmares, para educar a su hijo, Apolodoro, y crear un genio. Las ideas de Don Fulgencio no coinciden con las de Don Avito, y este duda de ellas en algun momento, pero al final le pide a Don Fulgencio que enseñe a Apolodoro. Pero Don Fulgencio le dice que primero debe madurar, y que ya llegará el momento en el que podrá aprender de él. La educación del niño consistirá en que experimente todo lo que haya a su alrededor, que conozca cuanto más pueda. Pero para conocer, al contrario de lo que cree Don Avito, le dice que hay que ayudarlo y guiarlo para que encuentre su “morcilla”, su interés por las cosas que le rodean. También le dice que hay que explicarle todo esto a partir de la ciencia y la la Naturaleza (con mayúscula, significando un ser superior, que lo explica todo), y enseñarle las partes más importantes, de manera que aprenda que todas las partes son importantes.

Para Don Avito la ciencia es dogmática, es un ser que resuelve las dudas existenciales mediante una afirmación o una negación. Sin embargo, Don Fulgencio, aunque sea un hombre hecho de ciencia, le da un sentido mucho más práctico a la vida, y cree también en cosas como el amor.

Capítulo 5

Fragmento 1:

Empieza a andar. Para que lo logre le deja su padre en una gran pieza muellemente tapizada, que se las componga, ofreciéndole sillas y otros objetos a que se agarre y un palo que le sirva de bastón. Y si Marina quiere acudir a él, al verlo vacilar, tendiendo los bracitos:

– Quieta, quieta, déjale que se caiga, que no pasará del suelo.

– ¡Qué mundo este, Virgen Santísima!- y sigue soñado la madre.

En este fragmento se puede apreciar, los elementos que proporciona Avito a su hijo Apolodoro para que éste aprenda a caminar sin ayuda alguna. También se aprecia el papel que ha de desempeñar la madre, Marina, frente al exigente método del padre. A esta se le prohíbe la ayuda a su hijo para que éste se desarolle como un genio (tal como quiere el padre) sin necesitar el cariño

Fragmento 2:

Mientras el padre se encierra con el filósofo, enciérrase la madre con el hijo y allí es el besuquear al sueño de su sueño.

-Mamá, di querido.

-¡Querido!, ¡querido mío!, ¡rico!, ¡rey de la casa!, ¡cielo!, ¡querido!, ¡querido…! Luis, Luisito, Luisito, mi Luis…

Porque al bautizarlo hizo que le pusieran Luis, el nombre de su abuelo materno, del padre de Marina, en vez de aquel feo Apolodoro, y es Luis el nombre prohibido, el vergonzante, el íntimo.

-Luis, mi Luis, Luis mio, Luisito, mi Luisito- y se lo come a besos.

En este fragmento vemos como la madre aprovecha cada momento en que su marido no está por Apolodoro para mimarlo y demostrarle todo lo que siente y que a su padre no le gusta oir. También vemos como al niño le gusta oír a su madre, le gusta que lo mimen. Se ve que los dos comparten, siempre que pueden, una relación madre-hijo muy cariñosa, afectiva.

Fragmento 3:

-¿Dejarle?

-¡Sí, dejarle! ¿Ha sido usted alguna vez niño, Carrascal?

Avito vacila entre esta pregunta y responde:

-No lo recuerdo, al menos…Sí, sé que lo he sido porque he tenido que serlo, lo sé por deducción, y sé que o he sido por los de mi niñez me han hablado, lo sé por autoridad, pero, la verdad, no lo recuerdo, como no recuerdo haber nacido…

– Aquí, aquí está todo, Avito, ¡aquí está todo! ¿Usted no recuerda haber sio niño, usted no lleva dentro al niño, usted no ha sido niño, y quiere ser pedagogo? ¡Pedagogo quien no recuerda su niñez quien no la tiene a flor de conciencia! ¡Pedagogo! Sólo con nuestra niñez podemos acercarnos a los niños.

En este fragmento vemos como el filósofo, don Fulgencio, le plantea el hecho de querer y no poder. És decir, a Avito le gustaría educar a su hjo con una determinada pedagogía cuándo ni él mismo se acuerda de su niñez. Por lo tanto no entiendo el porqué debe dejar a su hijo hacer las cosas que le apetezcan, sin tratarle diferente a los otros niños. Sin tratarlo como un genio en desarollo y no como no que és, como un niño.

(Mayra)

Capítulo 6

Fragmento 1:

“¡Oh, los niños, los desgraciados niños sin pedagogía alguna!…¿Para qué sirven, como no sea para que con el contraste se ponga de relieve el valor de la pedagogía de los que la tienen?”

Aquí, Carrasco, expresa lo que siente, cree que a los niños de bien pequeños se les tiene que enseñar pedagogía, de forma científica, y no como lo hacen en el colegio.
Creo yo que este hombre muy equivocado va.
En mí opinión, no se le puede explicar a un niño de golpe qué es el Sol, se tiene que empezar por decirle que es una estrella, luego que nos ilumina a todos, y más adelante que los planetas giran a su alrededor…
Los niños van aprendiendo poco a poco, y es la función del colegio y también de la familia, pero no con el exceso con el que Carrasco lo hace. Él quiere que su hijo sea un genio, y lo machaca con ciencia. Creo que así no va a conseguir nada más que a hartar al niño, porqué los niños tiene que recibir el cariño de los padres, y crecer como niños inofensivos y inocentes, y con el tiempo irán creciendo de mente, pero sin abusar de ellos, que creo yo que el hijo de Carrasco muy feliz no puede ser.

Fragmento 2:

¡Qué escenas silenciosas y furtivas cuando en los raros momentos en que el padre los deja coge la madre a su hijo, lo abraza y sin decir palabra le tiene así abrazado, mirando al vacío, llenándole de besos la cara! El chico abre los ojos sorprendido; éste es otro mundo, tan incomprensible como el otro, un mundo de besos y casi de silencio.

En éste fragmento se ve el comportamiento de la madre respecto a su hijo, que solo lo abraza y lo besa en los pocos momentos en que Carrasco los deja solos, que son muy pocos.
El niño no entiende nada, porqué por una parte hay su padre, que le llama Apolodoro y solo sabe hablarle de ciencia y más ciencia; luego hay la madre, que lo coge cuando el padre no está y le llama Luís, y no le dice nada más, solo lo besa y lo abraza.

Vemos claramente que la madre no quería la educación que su hijo está recibiendo y ella también sufre.

Como he dicho antes, los niños necesitan el amor de la família, y en este caso, el niño lo recibe de su madre, aunque de forma desconcertante. ¿Cómo se tiene que sentir este niño?
Realmente creo yo que no muy bien, porqué no se entiende mucho. No creo que llegue a ser un genio y tampoco que llegue a tener una buena infancia, porqué a los niños se los tiene que querer mucho y cuidarlos mucho, y el padre no deja que la madre lo haga bien, y a la mínima que la madre lo puede tener para ella sola, lo llena de besos, símbolos de cariño, pero no de educación.

Por lo tanto, y en conclusión, creo que a los niños se les tiene que educar y enseñar bien, pero a su debido tiempo, móstrandoles siempre amor y afecto.(Lidia)

Capítulo 7

FRAGMENTO 1:

El segundo hijo que ha dado a Avito Marina ha sido hija. Ni la ha pesado ni medido ni abierto expediente al nacer, ¿para qué? ¿Hija? Carrascal vuelve a pensar en eso del feminismo, al que jamás ha logrado verle alcance ….

… El fin de la mujer es parir hombres, y para este fin debe educársela.

Carrascal, que ha tenido una hija, su actitud en él es diferente a la que tuvo con su hijo. La tracta de forma distinta solo por ser niña. Solo por ser niña ni la pesa, ni le hace libro, ¡ni le pone el nombre! Carrascal piensa que las mujeres no son útiles, que solo sirven para parir hombres. Y le deja la responsabilidad a su mujer, como si él no fuera su padre, no quiere saber nada de ella.
Estos dos fragmentos del libro me ponen furiosa, ¿porque hay tanto masclismo en aquella época?
Pues yo pienso que las mujeres servimos para muchas más cosas, no solamente para parir, como por ejemplo también somos capaces de trabajar.

Fragmento 2:

Y la niña Rosa crece mimosa, aplegada al regazo materno. Y rompe a andar y a hablar antes que a ello rompió su hermano.
Carrascal mira mientras su mujer mima, abraza y atiende rápidamente a su hija con todo el amor y cariño que una madre puede dar a un hijo. Estas son acciones que no le fueron permitidas con su hijo. Gracias a esto, la niña crece mimosa y al lado de su madre. También podem ver como la niña es más despierta, anda y habla antes que su hermano, juega sola.
Me gusta este fragmento del libro porqué se ve el amor materno entre madre e hija, que es la cosa más bonita que pueda haber.
También se puede ver como las mujeres pueden hacer las cosas antes que los hombres, en aquella época estaba mal visto. Pero Carrascal, lo excusa diciendo que cuando más inferior la especie antes llega la madurez.

(Marina)

Capítulo 10

Fragmento 1:

La roja lumbre del hogar enciende el ámbito e el rubor reflejándose en el fuelle,en las tenazas; Claritaante las llamas que danzan retira con la mano los vestidos para que no se le caldeen, y asoman los piecectos; la lumbre le enciende la cara, y resbala por ella, por su tez cual pellejo de albaricoque, de dulce albaricoque de estufa, con su pelusilla para coger y encender la luz.

Este ha sido el fragmento que más me ha gustado del capítulo 10.

En este fragmento nos describe de una manera muy detallada y algo romántica una escena tan cotidiana como calentarse los pies en la lumbre.

Este fragmento yo creo que es el que más me ha gustado dado que el resto del capítulo todo son preguntas y no paran de hablar de Apolodoro que se ha enamorado de Clarita.

Aunque también está bien el fragmento que te explica que el hermano de Clarita sabe lo que hay entre Apolodoro y Clarita y no dice nada, es más protege a Clarita y habla con ella para que se lo diga a sus padres.

Capítulo 13

Fragmento 1:

Amor y pedagogía es un clásico de la literatura española. En esta obra, Miguel de Unamuno desarrolla una caricatura burlesca de la ciencia y la pedagogía mal entendidas, del cual, el único que conseguirá será crear en Apolodoro, su hijo y su marioneta para llevar a cabo su proyecto, una víctima desgraciada, pues, a pesar de lo que cree don Avito Carrascal, su padre, ciencia y pedagogía auténticas no pueden ser ajenas al corazón y al instinto.

– ¿Qué? Bien se echa de ver que tu genitor te ha empapuzado de ciencia, de esa infame bazofia que con la religión es la causa de nuestra rutina. Los sabios y los ricos no sirven más que para corromperse mutuamente; acabo de leerlo en Rousseau*. ¡Oh, la libertad!, ¡la Santa Libertad! ¡Virgo Libertas!, para los que merecemos ser libres, se entiende, que somos muy pocos. ¡Oh, la Belleza!, ¡La Santa Belleza! ¡Alma Venustas! Eres un esclavo, Apolodoro.

* Cita de una cita de Rousseau, en concreto, una cita traducida libremente del Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, del filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau (1712-1788). En la época en la que se desarrolla la trama, la religión y esta educación dura era persistente en las sociedades más poderosas y manipuladas por el poder, y sobretodo, por la religión. Paralelamente, los ilustrados empezaban a cuestionarse el sistema.
Contexto: Clarita, la novia de nuestro protagonista Apolodoro, le engaña con Federico Vargas. Para decírselo, Clarita escribe una carta a Apolodoro, para explicarle toda la verdad. Y en una tarde lluviosa, cuando Apolodoro va a tomar el aire para reflexionar después de haber leído la carta, se encuentra con el melenudo Menaguti, el poeta sacrílego, sacerdote de Nuestra Señora Belleza. Y en una parte del diálogo que desarrollan, después de que Apolodoro le contará la historia de Clarita y Federico, Menaguti le contesta con el fragmento anterior. (Diálogo Apolodoro-Menaguti, capítulo XIII).
Considero que el fragmento anterior, en las palabras de Menaguti, se esconde un mensaje de compasión hacia el inocente Apolodoro. A parte de ser utilizado por su padre como instrumento de un método, además, el pobre Apolodoro no tiene suerte en lo que es la vida. A parte de carecer en él sentimientos básicos y vitales como son todos aquellos que nos proporcionan todas aquellas personas que queremos y nos quieren, tiene que sufrir sentimientos negativos. En concreto, uno de los sentimientos que es considerado uno de los más intensos y dolorosos, como es el ‘mal de amor’.
Evidentemente Miguel de Unamuno nos hace una caricatura burlesca del suceso en que su padre, si se me permite el grado, loco, es capaz de hacer nacer un hijo por el simple hecho de certificar una serie de teorías que, sin lugar a duda, nada más llevan hacia el fracaso. ¿Cómo seria un niño en la realidad habiendo vivido las mismas circunstancias? ¿Cuánto sufrimiento llevaría acumulado el pobre Apolodoro antes de morir? ¿Qué vida hubiera tenido el pobre niño? ¿Una vida propia de un humano?
Epílogo:
Joan

En esta novela de Miguel de Unamuno encontramos un extraño pero interesante epílogo, donde el autor no nos habla de un futuro en la obra sino de la obligación que tuvo de hacer un epílogo para llegar a las 300 páginas. En él habla de cosas variadas desde su punto de vista como docto-filósofo.

Así justifica el porqué de su Epílogo, se queja de que los artistas y los artesanos ya no están considerados por igual. Después cuenta el rechazo de un amigo a el fúnebre final del libro que era el suicidio de Apolodoro y le sugería que diera importancia a la vida y terminara con un final feliz. Y que si lo hacia le traduciría el libro al inglés. Esto le llamó la atención al autor, pero no quiso borrar los sentimientos que mostraban Ávilo y Marina al quedarse sin hijos. Describe varios temas del libro filosóficamente, con un toque de humor y hasta habla de matemáticas.

Y termina, como prometió, con el último verso del soneto de Lope de Vega:

“Contad si son catorce, y está hecho”


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