Capítulo 6 de Nada

En este capítulo se ahonda aún más en el análisis que Andrea hace de su relación con Ena. Es el tema de la amistad. Del dar y el recibir. De los sentimientos que ambas acciones generan en uno. De esto va este fragmento. Lee el capítulo y expresa tus impresiones.

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Mi amistad con Ena había seguido el curso normal de unas relaciones entre dos compañeras de clase que simpatizan extraordinariamente. Volví a recordar el encanto de mis amistades de colegio, ya olvidadas, gracias a ella. No se me ocultaban tampoco las ventajas que su preferencia por mí me reportaba. Los mismos compañeros me estimaban más. Seguramente les parecía más fácil acercarse así a mi guapa amiga.

Sin embargo, era para mí un lujo demasiado caro el participar de las costumbres de Ena. Ella me arrastraba todos los días al bar – el único sitio caliente que yo recuerdo, aparte del sol del jardín, en aquella Universidad de piedra – y pagaba mi consumición, ya que habíamos hecho un pacto para prohibir que los muchachos, demasiado jóvenes todos, y en la mayoría faltos de recursos, invitaran a las chicas. Yo no tenía dinero para una taza de café. Tampoco lo tenía para pagar el tranvía – si alguna vez podía burlar la vigilancia de Angustias y salía con mi amiga a dar un paseo – ni para comprar castañas calientes a la hora del sol. Y a todo proveía Ena. Esto me arañaba de un modo desagradable la vida. Todas mis alegrías de aquella temporada aparecieron un poco limadas por la obsesión de corresponder a sus delicadezas. Hasta entonces nadie a quien yo quisiera me había demostrado tanto afecto y me sentía roída por la necesidad de darle algo más que mi compañía, por la necesidad que sienten todos los seres poco agraciados de pagar materialmente lo que para ellos es extraordinario: el interés y la simpatía.

Puedes curiosear estos comentarios y reflexiones que ya se han hecho sobre la novela.


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