Capítulo 3 de Nada

Poco a poco Andrea va entrando en la dinámica familiar. Va sintiendo la complejidad de las relaciones que entre los miembros de la familia, su familia, existen. Puede verse muy bien la tensión entre todos ellos en esta pequeña escena. Quizás tú puedas apuntar alguna otra situación que te haya impresionado.
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A la hora de la cena, Román me notaba en los ojos el paseo y se reía. Esto preludiaba una envenenada discusión con tía Angustias, en la que por fin se mezclaba Juan. Me di cuenta de que apoyaba siempre los argumentos de Román, quien, por otra parte, no aceptaba ni agradecía su ayuda. Cuando sucedía algo así, Gloria se salía de su placidez habitual. Se ponía nerviosa, casi gritaba: – ¡Si eres capaz de hablar con tu hermano, a mí no me hables! – -¡Naturalmente que soy capaz! ¡A ver si crees que soy tan cochino como tú y como él! – Sí, hijo mío – decía la abuela, envolviéndole en una mirada de adoración -, haces bien. – -¡Cállate, mamá, y no me hagas maldecir de ti! ¡No me hagas maldecir! La pobre movía la cabeza y se inclinaba hacia mí, bisbiseando a mi oído: – -Es el mejor de todos, hija mía, el más bueno y el más desgraciado, un santo … – – ¿Quieres hacer el favor de no enredar, mamá? ¿Quieres no meter en la cabeza de la sobrina majaderías que no le importan para nada? El tono era ya destemplado y desagradable, perdido el control de los nervios.


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