anglicismos en ing

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Al famoso parking le han venido a acompañar muchos otros:

Que la lengua castellana es especialmente rica es cosa sabida, pero solemos dejar de lado esta riqueza y adoptar vocablos extranjeros por simple esnobismo.

Una cosa es que se adopte un término de una lengua extranjera cuando no existe un equivalente en la propia —lo que ocurre frecuentemente con los términos referidos a avances tecnológicos— y esto no es tan solo malo sino que es enriquecedor y es un fenómeno que siempre se ha dado en un flujo que va desde el que domina la técnica (o cualquier otro aspecto o cuestión) al que la desconoce.

Además, no estamos en una burbuja y todos los idiomas se influyen unos a los otros al interaccionar, aunque la cosa no está tan clara cuando las transferencias van mayoritariamente en el mismo sentido. A este respecto se ha producido en los últimos años un dominio del mundo anglosajón en algunas áreas y los efectos se han notado al adoptar y castellanizar voces inglesas. Y aquí viene la pregunta: ¿por qué utilizamos el vocablo foráneo cuando tenemos uno propio?

Como ejemplo tomado al azar se puede ver el caso de la palabra estrés (del inglés stress) que el diccionario define como: “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”. Pues bien, ya es una palabra de uso común, pero en su propia definición encontramos un término apropiado: agobio. Y de él, el diccionario dice: “acción y efecto de agobiar” que, a su vez, es: “imponer a alguien actividad o esfuerzo excesivos, preocupar gravemente, causar gran sufrimiento. Rendir, deprimir, abatir”. Y que duda hay que si este agobio es prolongado puede ser fuente de todo tipo de trastornos, desde la acepción de alteración leve de la salud hasta la de enajenación mental.

Y era un término circunscrito al ámbito laboral, es decir, a uno le agobiaban los padres con sus regañinas, o estaba agobiado por un amigote muy pesado, o a una el novio le agobiaba con sus celos, pero el trabajo era el que estresaba (y es que tiene verbo y todo), que queda mucho más fino y como más importante y de más calidad (los peones se agobian, pero en mi empresa yo me estreso). Ahora se aprecia que ha trascendido sus límites y cada vez producen estrés, en vez de agobiar, muchas más cosas.

La etiqueta de “lenguaje comercial” que posee el inglés, hace que nos bombardee con nuevos términos comerciales y laborales que curiosamente acaban, la mayoría de ellos, en -ing, que es la desinencia característica del present continous (presente continuo, en inglés) y que refleja lo mismo que nuestro gerundio; la acción que se está produciendo en este momento y todavía no ha finalizado.

Veamos algunos ejemplos:

De market (mercado) se obtiene marketing (técnicas de mercado), que podría ser sustituido por técnicas de mercadeo, o simplemente, por mercadeo.

De time (tiempo) se obtiene timing (perfecto uso del tiempo), que podría -y debería- ser sustituido por sincronización.

De boss (jefe) se obtiene bossing (uso abusivo de poder), que es abuso de poder y el que lo ejerce es un mandón: “Que ostenta demasiado su autoridad y manda más de lo que le toca”.

De mob (asedio, acoso) se obtiene mobbing (asedio y acoso en el trabajo, generalmente menospreciando a un trabajador), que toda la vida se ha llamado puteo, de putear: “fastidiar, perjudicar”. O si no, ninguneo, ya que suele dejarse de lado la persona asediada, no hacerle caso, no tenerle en cuenta y despreciarla contínuamente.

De stalk (acecho, acoso) se obtiene stalking (acoso sexual en el trabajo), que es acoso sexual.

De bully (matón, abusón, de bull, toro en inglés) se obtiene bullying, que más que traducción tiene su propio nombre: matón, abusón.

Y hay más, y si no vendrán nuevos. Por el momento hacemos ending.

Hay muchos casos en que existe un término castellano para expresar lo mismo. Trekking es montañismo o senderismo, outsourcing es subcontratación y renting es alquilar, por poner algunos ejemplos.

En algunos casos nos encontramos que por la novedad del hecho a definir no existe una palabra castellana para ello, aunque sí se pueda formar una locución.

Actualmente se usa mucho el término phishing, que es un término derivado del inglés fishing, ‘pescar’, y que hace referencia al envío de correos electrónicos falsos con origen simulado en una entidad bancaria y que solicita al receptor datos confidenciales (cuentas bancarias, números secretos, passwords…) para usarlos después de forma fraudulenta. Es un asunto relativamente nuevo al que quizás se podría aludir como correo anzuelo.

El término dumping, que proviene de dump, ‘basurero, vertedero’ en inglés, y que alude a la técnica de mercado consistente en vender a bajo precio, a muy bajo precio, para introducirse en un mercado. Esto ya no es tan nuevo, siempre se le llamó reventar precios.

El término piercing, que proviene de pierce, ‘perforar, agujerear’ en inglés, y que alude a la implantación decorativa de pendientes y otros adornos metálicos en el cuerpo también podría definirse en castellano, ¿qué tal perforación corporal?

El término footing, de foot, ‘pie’ en inglés, se refiere al correr cierta distancia o tiempo con el fin de mantenerse en forma o de complementar un entrenamiento. Fácil, siempre se le llamó ir a correr.

El término brainstorming, aparte del literal ‘tormenta de cerebros’, como sesión creativa o reunión de creativos. Homebanking como banca en casa, branding como valor de marca, karting como pilotar karts, stretching como hacer estiramientos, puenting como tirarse de un puente…


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