Los axolotl, Julio Cortázar, visión científica

Escrito por Elena Sanz en Sopa de Ciencias

“Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.” Así empieza uno de los relatos más inquietantes de Julio Cortázar, un gran escritor del que hoy se habla en todo el mundo a propósito del 25 aniversario de su muerte. A diferencia de sus famosos cronopios, el axolotl no es una criatura inventada. Es el nombre común del anfibio con cola Ambystoma mexicanum, que a primera vista parece un renacuajo gigante de cuerpo alargado, cabeza grande y ojos pequeños y sin párpados. También se le conoce con el apodo de monstruo acuático.

“Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario”, escribe Cortázar. “Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.”

El resto del relato lo encontrará aquí.

Nota: Si le interesa una reinterpretación del relato desde la óptica de la física moderna, no se pierda el artículo que José Luis Venegas publica en la revista Hispanic Journal relacionándolo con el principio de incertidumbre de Heisenberg.


Sobre esta entrada