Literatura universal, el teatro latino

Publicado el 26 noviembre 2011
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El género de desarrollo más temprano en Roma es el teatral. Como en el resto de la literatura latina, la influencia de los griegos es determinante, tal vez mayor que en otros géneros. Al igual que en el teatro griego, el texto es en verso, las partes cantadas y el acompañamiento musical tienen una función muy importante, y los actores llevan máscaras.

La comedia

Es el género teatral romano por excelencia, el que más se cultivó, el más apreciado por el público y el que dio obras de mayor calidad literaria. Las obras conservadas están en su práctica totalidad inspiradas en argumentos de autores del teatro griego: sus personajes son griegos, viven en Grecia, visten a la griega y tienen nombres griegos. Pero hablan en latín, y recrean situaciones cercanas al espectador romano.

El genio de los grandes comediógrafos romanos fue saber infundir, en un material extraño a la mentalidad de su público, elementos idiomáticos y psicológicos populares, exageraciones, gesticulación o juegos de palabras. Esta romanización lingüística da gran originalidad a la comedia romana.

Las tramas son muy recargadas y los personajes, estereotipados y recurrentes (ya que se repiten en varias comedias), pertenecen a clases medias urbanas.

Plauto (254-184 a.C.)

Es el más importante comediógrafo romano. Autor prolífico, se le atribuían unas 150 obras, de las cuales se conservan 21, algunas incompletas. El argumento de sus obras es enrevesado, incluso a veces mezcla partes de diversos textos griegos. En su teatro muestra un gran dominio del lenguaje popular, mucha experiencia en ejercicio de su profesión, facilidad para conectar con los gustos del público y sobre todo una gran comicidad, para lo que no duda en recurrir a lo obsceno y lo grotesco.

Plauto ha sido imitado, adaptado y representado hasta nuestros días. Los títulos más famosos son: La comedia de la olla (en la que se ridiculiza a un viejo avaro), Anfitrión (una parodia de un tema mitológico: el nacimiento de Hércules, hijo de Júpiter y de Alcmena, la esposa de Anfitrión), Los gemelos (basada en el equívoco entre dos gemelos), El embustero (recreación de un esclavo astuto, prototipo de la figura del pícaro) y El soldado fanfarrón, probablemente la más conocida.

En esta comedia, el protagonista -un soldado fanfarrón, como indica el título- cuenta a todo el mundo hazañas imaginarias que en realidad no ha protagonizado; en su simplicidad cree que esto le va servir para sus intereses, especialmente para seducir a una joven, pero al final no lo consigue y tiene que admitir la realidad. 

El tema del soldado fanfarrón tuvo, al igual que el del viejo avaro de La comedia de la olla, una gran fortuna en la Edad Media y el Renacimiento.

Terencio (184-159 a.C.)

Compone comedias de acción más sencilla, y sus personajes son menos grotescos y más cuidados psicológicamente. Terencio es mucho más respetuoso que Plauto con sus modelos (sobre todo Menandro), y emplea un latín más elegante. Se conservan seis comedias suyas, como Los eunucosLa suegraLos hermanos.

La tragedia:

En Roma la tragedia es mucho menos importante de lo que fue en Grecia; nunca logró despertar el interés de los romanos. Se escribió poco y se representó menos. El único nombre destacable como escritor de tragedias esSéneca (3 a.C.-65 d.C.). Se conservan diez tragedias suyas, inspiradas en los temas abordados por los grandes tragediógrafos griegos (Esquilo, Sófocles y Eurípides): Agamenón, Las troyanas, Edipo, Medea y Fedra. Es un teatro muy literario, muy retórico y con mucha influencia de la filosofía estoica de su autor; un teatro, pues, más pensado para ser leído que para ser representado.

Otros géneros

En Roma también tenían lugar otro tipo de representaciones, que paulatinamente fueron sustituyendo a comedias y tragedias: la pantomima y el mimo.

En la pantomima un solo actor interpretaba una acción de tema terrorífico o libidinoso. Es una expresión teatral sin texto, exclusivamente interpretada a través de gestos, y con acompañamiento musical.

El mimo era una representación que sí incluía texto, pero este estaba potenciado por la expresión corporal. Los argumentos, tomados de la vida diaria, solían tener carácter grosero y combinaban escenas de erotismo y de crueldad.

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